Por Leopoldo López.
Muchas opiniones se han vertido acerca de rol del Estado en la economía paraguaya, unos alentando una excesiva intervención del mismo y otros alentando una mínima intervención de este dentro de la economía, dejando a las partes libradas a su suerte en un sistema perverso, poco transparente y con pocas oportunidades para una libre y efectiva competencia de los operadores económicos.
La responsabilidad de un estado moderno pasa por generar clima propicio para que la iniciativa privada, pueda liderar la creación de empleos lo cual se traduce en una plena ocupación de mano de obra actualmente desocupada o sub-ocupada, en cuanto ambiente propicio se refiere, un sistema transparente y justo, libre de influencias y amiguismos, donde los operadores económicos compitan realmente por ser mas eficientes, y esta eficiencia sea premiada con cuotas dentro del mercado, cuotas de mercados ganadas realmente y no adquiridas por resolución.
El imperio del libre mercado es necesario para el desarrollo del emprendedorismo, la iniciativa sumada a la investigación y desarrollo da nacimiento a las más exitosas empresas, las cuales pueden absorber gran cantidad de mano de obra, y así evitar la fuga de recursos humanos debido a la falta de oportunidades.
Un estado donde gobernantes y gobernados estén sometidos a las mismas leyes, con un Poder Judicial independiente que de garantías a la iniciativa privada, que no será perturbada arbitrariamente bajo ninguna causa de justificación, donde inversionistas nacionales como internacionales no se “acobarden” y crean que invertir en Paraguay es rentable.
Este es el camino hacia el pleno empleo, y consumo, con lo cual cerramos el ciclo de la economía que necesitamos, donde hay consumo, hay demanda de bienes y servicios, donde hay demanda bienes y servicios hay oportunidad de negocios, donde hay oportunidad de negocios hay arraigo de capitales.
Este es el modelo de Paraguay que necesitamos, y esa es la fórmula que utilizan los países en vía de desarrollo con muy buen resultado, esquema donde el gobierno solamente se dedica a garantizar la prestación descentralizada de servicios públicos esenciales para el bienestar de la población como ser; salud, seguridad y educación, tres pilares fundamentales de un verdadero estado social de derecho, con instituciones públicas sólidas y transparentes, que sirvan realmente a la ciudadanía y no se sirvan de ella.